02-07-2020

Boletines

#3 ¿QUIÉN VIGILA A QUIEN? LEVANTAMIENTO, INFORMACIÓN Y REDES SOCIALES

Delight Lab, Esto también pasará, Mayo 2020. Imagen cortesía de Al Aire Libre

 

Parte 1

La televisión nacional ha pasado a ser un medio en descrédito cada vez más abstracto. Su uso, también neoliberal, vive una crisis al igual que la estructura política en la que se sustenta Chile: la contaminación directa del Estado por lógicas libre-cambistas. Pero su declive tiene una explicación material. Lo primero es reconocer su relevancia en términos de impacto. Podría definirse incluso como una etapa o estadio de la comunicación comparable al uso del papel escrito. Hoy nuestra propia presencia es televisada, sin embargo, su promoción se da través de aparatos celulares y computadores. Esto plantea el desarrollo de las tecnologías de la imagen y la audiovisualidad como un proceso aceleracionista, determinado por la capacidad de producción y almacenamiento de datos, así como la optimización de instrumentos que permiten su intercambio.

Al amparo de las actuales tecnologías, cada día se traman nuevas redes de intercambio de información, que permiten la interacción pública y privada de datos, facilitando el acceso a contenidos de diferente índole. Este es uno de los componentes que ha permitido la viabilidad y cohesión del actual movimiento social. En las redes sociales se viraliza material de convocatorias, contenido informativo y denuncias, entre otros. A su vez, todo manifestante cuenta con la capacidad de registrar y compartir lo que está ocurriendo a su alrededor, generando una difusión virtual que propaga cada acto de protesta. Tomando el relevo del predominante televisor como fuente de información (el cual estuvo siempre sujeto a poderes políticos y económicos que establecían filtros de información de acuerdo a sus intereses), hoy en día los teléfonos celulares con cámara de video y conectados a internet se han convertido en instrumentos claves, en herramienta de resistencia, siendo las redes sociales una de sus principales plataformas.

Hemos abandonado, por tanto, la primacía jerárquica unidireccional de la televisión y nos encontramos inmersos bajo un rizoma físico y virtual: los focos de levantamiento y registro son simultáneos, surgen bajo el fervor de los hechos. Como fenómeno virtual las protestas no cuentan con un rumbo de acción definido, sino que van tomando forma y creciendo a medida que navegan distancias predeterminadas por el comportamiento de avatares que componen y participan de la red. Es así como los usuarios, generalmente desperdigados en su habitar electrónico, encuentran puntos de ingreso colectivo, que condensan sus demandas en una cadena de hashtags, fotografías, videos e historias efímeras.

4 de diciembre de 2019

 

Víctor Flores, Plan D, Mayo 2020. Imagen cortesía del artista

Parte 2

En vista de los acontecimientos en los que nos hemos visto inmersos, esta segunda entrega del Boletín #3 del DEM ha incorporado las consecuencias que a nivel político y medial ha traído consigo la propagación del Covid-19 a lo largo del planeta. Este hecho inusitado y en muchos aspectos paradigmático (sus consecuencias, aún en pleno desarrollo, esperan por ser asimiladas del todo), no se aleja del título que dio origen a esta publicación a modo de pregunta capciosa: «¿quién vigila a quien?».

La era digital hoy —iniciada ya la segunda década del siglo XXI—, se presenta fuertemente vinculada a la cultura de masas (acceso generalizado a las tecnologías de la información y a la conectividad global) y a los esfuerzos de los poderes políticos y económicos por preservar un cierto status quo del capitalismo post-industrial imperante. Los modos en que el sistema económico global se comportará, de aquí al corto y mediano plazo, están fuera de nuestro alcance y su devenir sólo puede especularse de forma teórica. Sin embargo, hoy en día están ocurriendo cuestiones históricas que podemos reconocer a través de hechos materiales precisos. En publicaciones anteriores hemos enfatizado el rol que ha cumplido el uso de plataformas públicas y de carácter social, junto a la telepresencia, en el levantamiento político chileno de los últimos meses. Un asunto a destacar es que la tecnología digital no es inofensiva: es de hecho un arma de doble filo, justamente ahí donde el registro y la denuncia actúan como herramientas de detección, control, seguimiento y clasificación. Debemos estar a la altura de nuestro tiempo, y esto significa no considerar el uso de aparatos celulares y computacionales como meros objetos instrumentales.

Desde un tiempo a esta parte nuestra experiencia en navegación y resolución de problemas a través de softwares ha sido condicionada en buena medida por el uso de Inteligencia Artificial (IA). La rutina diaria de las personas tiende a complementarse en distintos ámbitos con el uso de la tecnología de la información. Todo lo que hacemos se inscribe como dato. Estos datos son perfectamente interpretables si así se desea (y de hecho, la IA asociada a macrodatos ha sido utilizada con fines comerciales e incluso propagandísticos).

La propagación del Covid-19 no solo deja en evidencia la ineficiencia de instituciones y sistemas políticos que ahora lucen como decimonónicos, sino también lo vulnerable que somos como comunidad frente a una crisis sanitaria que se convirtió rápidamente en pandemia global. ¿Ahora son acaso las cámaras, las plataformas de reuniones virtuales, la geolocalización y nuestras cuentas personales las que nos vigilan? ¿Seremos capturados por empresas privadas u organismos gubernamentales, volviéndonos susceptibles al control y manipulación de fuerzas políticas y económicas? Según Byung-Chul Han, en algunos países de Asia el Estado policial digital se encuentra mucho más avanzado y condiciona la vida y comportamiento del cuerpo social de acuerdo a medidas que en teoría resguardan su bien, pero que a la larga borran los límites de lo privado, vulnerando los derechos de confidencialidad e intimidad de los individuos. Esto, por supuesto, inmuniza al orden político de aquellos “virus” dispuestos a alterar la estabilidad del sistema. Estos virus, sin duda, pueden ser las propias personas.

3 de abril de 2020